El tratamiento farmacológico del trastorno de pánico suele requerir del uso de benzodiacepinas durante la fase aguda
(usualmente alprazolam [0.5 – 2 mg/día] o clonazepam [1 a 4 mg/día]) para el control o reducción del ataque de pánico (2ª fila).
Las mismas benzodiacepinas son además eficaces en el manejo a largo plazo de la condición y junto con antidepresivos (IMAOs,
tricíclicos o ISRS) pueden ayudar a reducir o a bloquear futuros ataques de pánico (1ª y 5ª fila). Las benzodiacepinas son igualmente
eficaces en la reducción de la ansiedad anticipatoria (3ª fila) y en la reducción de la evitación fóbica (4ª fila). El uso de
benzodiacepinas en el trastorno de pánico suele no generar efecto de tolerancia y su potencial adictivo parece ser sustancialmente
menor que en pacientes con otro tipo de condiciones (7ª fila). Sin embargo, los síntomas depresivos, frecuentes en pacientes con
trastorno de pánico, no son controlados adecuadamente con las benzodiacepinas y por ello la asociación de algún tipo de antidepresivo
se considera el tratamiento de elección para la condición en la fase de mantenimiento (6ª fila). |